El fin de ....

Le dije : Si esto sigue así será el fín del mundo.

Me contesto :

No, el fín del mundo no. Si nosotros desaparecemos el planeta seguirá.

viernes, 9 de octubre de 2015

Chigorin, el padre de la escuela rusa

El ajedrez fue una pasión nacional en la Unión Soviética
Chigorin, uno de los pioneros, juega en esta partida contra el inglés Bird

Frescura excéntrica (VER VISOR PARA SEGUIR LA PARTIDA)
Quienes temen que las computadoras van a terminar con el ajedrez deberían disfrutar despacio de esta partida. Benditos locos. No es buena, pero sí muy divertida.

Precisión de cirujano (VER VISOR PARA SEGUIR LA PARTIDA)

Hay muchas maneras de atacar un enroque, pero pocas tan fulminantes como ésta. Un gran maestro filipino firma una lección magistral muy brillante
Cuando la dama está lejos (VER VISOR PARA SEGUIR LA PARTIDA)

La ventaja de espacio se convierte en presión, ésta, en el desplazamiento de la dama defensora lejos de su monarca; y entonces hay que rematar, si es posible con brillantez.
Una posición de apariencia sólida puede ser muy débil si alguna pieza defensora, y especialmente la dama, no puede contribuir a la defensa de su monarca. En esta partida se dan los dos factores. Y lo más importante es que Ganguly, uno de los grandes maestros más fuertes surgidos en India al calor de los éxitos del héroe nacional Anand, los aprovecha con tanta precisión como belleza. 

Vladímir I, ‘El Finísimo’ (VER VISOR PARA SEGUIR LA PARTIDA)

Solamente los virtuosos pueden ganar una partida como ésta. Aunque la biología indica que el declive de Vladímir Krámnik está cerca, su comprensión de la estrategia es excepcional
Krámnik gana a un rival muy fuerte con gran finura a partir de una ventaja invisible 

Olfatear el peligro (VER VISOR PARA SEGUIR LA PARTIDA)
Jugar bien al ajedrez requiere muchas virtudes juntas, y todas son importantes. Intuir dónde está el peligro es una de ellas, como se ve en esta partida entre aficionados.
Sentir el peligro aunque no sea evidente es una de las virtudes necesarias para adquirir la maestría en ajedrez. Eso es precisamente lo que diferencia a los dos protagonistas de esta partida, de gran valor didáctico, y de no poca belleza y espectacularidad en su desenlace.

Así es un cerebro jugando al ajedrez

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